¿Cuáles son los objetivos principales del proyecto “España en Libertad: 50 años”?
Son dos, y van juntos: celebrar y conocer. Celebrar la conquista de las libertades y la consolidación de la democracia, que es el logro colectivo más importante de nuestra historia reciente. Y conocer cómo llegamos hasta aquí, incluidos los sacrificios de quienes lucharon por esas libertades. Es lo que el Real Decreto que creó el Comisionado llama, con la Ley de Memoria Democrática, el “Deber de Memoria”. Para ello trabajamos en cuatro líneas: conmemoraciones y festivales, pasados incómodos y futuros posibles, memorias populares, y juventud y democracia. Esta última es la principal desde 2026. Queremos que quienes han nacido ya en democracia sean protagonistas de esta conversación y no solo destinatarios.
Han realizado propuestas de cabaré de mujeres libertarias, una cartografía sonora de luchas vecinales, el festival de los Pueblos Ibéricos, conciertos, podcasts, talleres, cómics, exposiciones, la colaboración con San Sebastián… ¿De cuáles se siente más satisfecha?
No creo que deba elegir ninguna. Pero hay algunas que siendo relativamente sencillas ejemplifican bien lo que queremos hacer. La cartografía sonora de las luchas vecinales en Entrevías, El Pozo del Tío Raimundo y Palomeras Bajas me gusta porque convierte en patrimonio la memoria de gente corriente que se organizó para conseguir una escuela, un ambulatorio o una calle asfaltada. La democracia también, o sobre todo, se construyó así, en los barrios. Me enorgullece también todo lo que hacemos con jóvenes. Y la colaboración con el Festival de San Sebastián, que nos ha permitido llevar estas preguntas a una pantalla de primer nivel.
¿Cree que se están cumpliendo bien los objetivos?
Creo que vamos por buen camino, aunque prefiero ser prudente. Hemos conseguido que la celebración no se quede en Madrid: solo en noviembre y las primeras semanas de diciembre del año pasado se organizaron más de 400 actividades en todas las provincias, y en este otoño repetiremos un despliegue similar de actividades gracias a la colaboración con las delegaciones de Gobierno. Y hemos conseguido hablar de la democracia en formatos muy distintos: teatro, música, cómic, radio y cine. Pero más allá de números y formatos, aquí hemos partido siempre de la idea de que nosotros abríamos o contribuíamos a abrir una conversación, pero desde luego no teníamos ningún afán por monopolizarla, cosa que además es imposible. A partir de ahí, era la propia sociedad la que debía continuarla, cada uno desde su experiencia personal o profesional. El hecho de que una película como La bola negra, que habla del derecho a ser diferente, de nuestra herencia histórica, de la memoria, vaya a ser, posiblemente, la película de la temporada a nivel mundial, creo que habla bien claro de la necesidad que tiene nuestra sociedad de tratar los temas de los que hablamos en el Comisionado. De que es pertinente. El reto que quizás queda es llegar a quien no suele acudir a un acto cultural o de memoria, llegar a esa otra parte de la sociedad a la que han convencido de que es mejor no remover el pasado. Ahí está el verdadero examen, más que en el número de actividades. Lo evaluaremos con honestidad.
¿Qué actividades plantean para los próximos meses?
El próximo 15 al 18 de octubre colaboramos en un Réquiem por Lorca en Granada en cuatro actos, un canto colectivo a la pérdida, una celebración del duelo y un acto de memoria y esperanza con artistas como Alberto Cortés, Rocío Márquez o Soleá Morente y coros, corales y orquestas, campaneros de la ciudad. Un acto que también enlaza muy bien con el pase de La bola negra para jóvenes que hemos organizado dentro del Festival. También con el Centro Dramático Nacional estamos produciendo “Dramawalker”, una propuesta de ficciones sonoras geolocalizadas que recorre los últimos 50 años de historia, desde los años previos a la muerte de Franco hasta hoy, con tótems explicativos en diecinueve localidades y en trenes y estaciones de tren. Estos son dos hitos de este otoño, pero por supuesto no son los únicos como ya he mencionado antes.
Es el segundo año en que el Comisionado organiza proyecciones y actividades en el marco del Festival, y la propuesta es mucho más amplia. El tema estrella es la recuperación de Rocío. ¿Cómo ubicaría esta recuperación en el proceso de los 50 años en libertad?
Rocío nos recuerda que la democracia no llegó de golpe ni de forma lineal. Es un documental sobre la romería rodado entre 1976 y 1978, que recogía testimonios sobre la represión franquista en Almonte. Fue censurado judicialmente poco después de su estreno en 1980, lo que llevó a su director, Fernando Ruiz Vergara, al exilio en Portugal y truncó buena parte de su carrera. Es la última película censurada de aquella etapa. Verla íntegra en San Sebastián es un acto de reparación hacia su autor y hacia las víctimas que dieron testimonio. También es una forma de mirar sin complejos uno de esos “pasados incómodos” de los que hablamos. Una democracia madura no esconde sus zonas oscuras. Las alumbra. El podcast en vivo de Isabel Cadenas Cañón y el documental Caja de resistencia, que parte de los proyectos que Ruiz Vergara dejó inacabados, ayudan a entender lo que se perdió y lo que se ha recuperado.
Los estudiantes de secundaria asistirán a la proyección de varias películas seguidas de coloquios. ¿Puede el cine tener una labor didáctica importante entre los jóvenes en la recuperación de la memoria histórica?
El cine tiene algo que un manual didáctico no suele tener, que es la emoción. Una película como La patria de los heladeros hace que un adolescente se pregunte qué significa emigrar, y La bola negra le acerca a Lorca y a los derechos del colectivo LGBTIQ+. Estas proyecciones van acompañadas de coloquio y mediación cultural. No se trata de que los jóvenes salgan con una lección aprendida, sino de que salgan con preguntas y con ganas de conocer más. Las películas tienen esa capacidad.
QUIM CASAS