La directora mexicana Fernanda Tovar compite en Horizontes Latinos con su ópera prima Chicas tristes, que fue premiada en el Festival de Berlín por partida doble. Para ella, “estrenar en un festival como Berlinale ya era un sueño. Ninguno de nosotros estaba pensando realmente en ganar. Fue una confirmación de que habíamos hecho las cosas bien y de que la película estaba conectando con el público”, comparte la cineasta. Además, el premio consecuente de haber ganado es aún más grande: “conseguir distribución en muchos países y que la película haya podido viajar tanto y que siga viajando”, afirma Tovar.
El film, se centra en la relación de dos amigas íntimas, La Maestra y Paula, que son las mejores nadadoras de su equipo. Un incidente en una fiesta pone su relación en peligro. La Maestra nota que algo en su mejor amiga ha cambiado: está triste. Cuando la verdad sale a la luz, ambas se enfrentan a una decisión imposible: ¿hacer justicia o guardar silencio? Para Tovar, es ahí donde radica el dilema: “hay opiniones enfrentadas sobre si lo que hace el personaje está bien o está mal. Durante el rodaje discutíamos mucho sobre ello. Por ejemplo, a Rocío le costó mucho hacer esa escena porque sentía que lo que estaba haciendo su personaje estaba mal. Para ella, en cierto modo, estaba traicionando a Paula”. Cabe recalcar que la acción de La Maestra es bienintencionada; su único propósito es ayudar a su amiga íntima y encontrar a alguien que la pueda ayudar. Sin embargo, en la película, nunca estuvo la intención de “decir si eso está bien o está mal. Queríamos mostrar la complejidad del asunto y las preguntas que se hacen los personajes, y que esas mismas preguntas se las hiciera el espectador: ‘¿Yo qué haría? ¿Se lo contaría? ¿No se lo contaría? ¿La presionaría para que hablara?’”. A partir de ahí, la ópera prima de Tovar abre una conversación sobre las víctimas, el género y el derecho a decidir.
La decisión de que Chicas tristes se desarrolle dentro de un club de natación, una comunidad cerrada, no es casual. Para Tovar era importante reflejar que pertenecen a un grupo: “no sería lo mismo que esto le sucediera con alguien con quien nunca va a volver a encontrarse. Creo que algo de lo que no hablamos suficiente cuando se dan este tipo de situaciones es qué ocurre con los espacios y con los sueños de las mujeres”. Quizás, lo más obvio sería que Paula renunciara, que dijese: ‘salgo del grupo para no tener que encontrarme en situaciones incómodas’ pero, entonces, Tovar se cuestiona dónde está la justicia de todo ello, “¿por qué somos siempre las mujeres quienes tenemos que renunciar?”. Además, era importante que las protagonistas persiguieran un sueño, en este caso irse a Brasil con el equipo, y que ese sueño también estuviera en riesgo a partir del suceso.
¿Y por qué llamar a sus protagonistas chicas tristes? Precisamente para eso, para que el espectador se plantee desde un primer momento ‘¿Por qué están tristes las chicas?’. Para la cineasta, tiene que ver “con una tristeza que a veces tenemos las mujeres y que puede ser medio secreta, como un vínculo subterráneo. Mientras crecía, a veces sentía que mi madre estaba triste, que mis tías estaban tristes, y no entendía muy bien por qué. Creo que existe una especie de pacto femenino secreto: sabemos que a veces pasan determinadas cosas, pero no siempre se las quieres contar a alguien. O se las cuentas únicamente a tus amigas y se convierte en una especie de secreto compartido. Más que hablar de una tristeza evidente, para mí la película habla de esa tristeza compartida y secreta”.
MARÍA ARANDA OLIVARES