En Club Kid, flamante debut como director del actor Jordan Firstman (recordado por Rotting in the Sun o I Love L.A) estrenado en la sección Un certain regard del Festival de Cannes, el amante de la juerga Peter Green, interpretado por el propio Firstman, parece tener cubiertas todas sus necesidades materiales. Ha heredado un departamento en Manhattan, tiene un negocio con su colega Sophie y gana buena pasta vendiendo drogas de buena calidad a sus amigos. Esto le permite poder estar plenamente entregado a los clubes neoyorkinos, el uso de sustancias, los encuentros homoeróticos, las tardes de videojuegos y una alimentación a base de pizza y pollo frito. El rumbo errático de la vida de Peter cambia cuando Arlo, un niño de diez años, aparece en su vida: es el hijo que tuvo una década atrás, fruto de su único encuentro sexual con una mujer, durante un trío.
El relato es ya bastante conocido. La película se inserta en una larga tradición de cine sobre padres incidentales. Sin embargo, la singularidad de la obra de Firstman es que inserta este motivo en un contexto queer y psicotrópico. “Quería cuestionar la idea de la paternidad y de aquello que hace que alguien sea un buen padre”, declaró el actor y director neoyorkino.
La relación entre Peter y Arlo es entrañable, llena de cariño y momentos de diversión. Si bien esto redirige las decisiones del primero hacia una cotidianidad más responsable, esto no implica necesariamente que el desarrollo que pueda tener el niño sea idóneo. “Necesitas amar, pero también necesitas la otra parte. Hay una gran pregunta en la película y es acerca de cuál es el entorno más favorable para un niño”, planteó Firstman.
En ese sentido, Club Kid despliega un abanico de posibilidades de vida en comunidad, más allá de la familia tradicional heteronormativa. A lo largo de sus poco más de dos horas se muestran diferentes situaciones de apoyo mutuo, ya sea económico, emocional o social. “El viaje personal de Peter”, menciona Firstman, “consiste en gran medida en darse cuenta que ha tenido una gran familia a su lado, pero se encuentra tan anestesiado por su propia decepción vital que no observa la gran comunidad que lo cobija”. El mundo de la vida nocturna y las drogas, entonces, se muestra como “libertino, pero compuesto por personas con un corazón inmenso”, sentenció el director.
El escenario de la película contribuye a dar cuenta de tan particular vida comunitaria: Nueva York. Una metrópoli tan cliché y llena de lugares comunes en la historia del cine, se vuelve extraña para las personas que la conocen e, incluso, que viven ahí. Esto se debe, según el autor, “a los espacios a los que tuvimos acceso”. “Estoy muy agradecido”, confiesa Firstman, “pues la comunidad queer neoyorkina realmente se abrió a nosotros y nos dejó entrar a lugares a lo cuales no podrías hacerlo si llevas una cámara”. Fue a partir de sus propias amistades y de sus años de fiesta en la ciudad que esto fue posible. “Confiaron en mí, que no iba a ridiculizarles, que les iba a mostrar tal cual eran de una manera inmersiva. Por eso, las fiestas no podían ser recreadas; ese es uno de los ingredientes secretos de la película”.
En medio de este balance entre la comunidad y la escena nocturna estadoundense, en Club Kid aparecen figuras icónicas de ese panorama. Tal es el caso de la cantante y DJ Saturn Risin9, quien interpreta a Saffron, cuya presencia magnética es clave para motivar a Arlo a que se convierta en DJ y a darle apoyo a Peter en un momento en el que lo separan de quien le había dado sentido a su vida. “Conozco a Saturn de años de fiesta en Los Ángeles”, compartió el director, “es una artista maravillosa y personas como ella en la comunidad drag son denominadas como madres; esa es su presencia en el film”.
Club Kid termina por ser una apología de la comprensión mutua en tiempos en los que parece reinar el narcisimo. “He llegado a interpretar papeles de personas horribles”, rememoró Firstman, “estaba cansado porque no creo que haya gente horrible, sólo gente que se equivoca”. El film termina por ser una apología de que hay posibilidades de transformarse.
JOSÉ EMILIO GONZÁLEZ