Martin McDonagh, autor de Escondidos en Brujas o Tres anuncios en las afueras, se mantiene fiel a su estilo de cine de personajes y guiones minuciosamente escritos cargados de ingenio y humor negro. Pero en Wild Horse Nine añade a la ecuación un trasfondo político al situar el film en el Chile de 1973 previo al golpe de Estado y contar la historia de dos agentes de la CIA destinados allí para propiciar dicho golpe. “No creo que yo sea el tipo de cineasta que da lecciones. Yo no haría un film que tratara únicamente de política de manera solemne. Me gusta el cine entretenido, quiero que una película sea divertida, pero es cierto que abordar la política y la verdad de manera subrepticia era algo que aquí me resultaba interesante”, explica el director.
A McDonagh siempre le ha interesado ese episodio histórico: “Me interesa este tema desde joven, cuando oí hablar por primera vez de Chile, de Víctor Jara y de todo lo que la CIA, el gobierno de Estados Unidos, provocó allí. No se han hecho muchas películas estadounidenses sobre el tema, así que era algo que quería sacar a la luz”. De manera casi involuntaria el film termina dialogando con la actualidad política presente: “En realidad, no pretendía hablar necesariamente de lo que está ocurriendo ahora, ni de la América de hoy. Simplemente quería ser lo más fiel posible a lo que ocurrió en 1973 y a lo que hizo la CIA en Chile en aquel momento, cuando derrocó al líder elegido democráticamente. Pero después de haber enseñado la película a la gente y de verla con cierta distancia, sí percibo similitudes con lo que está ocurriendo actualmente”.
Chris, el personaje de John Malkovich (cuya interpretación le valió la Copa Volpi al mejor actor en el festival de Venecia y que apunta a las quinielas de todos los premios de la temporada) es clave. Agente veterano, partícipe en muchas de las más oscuras actuaciones de la CIA en el siglo XX (incluido, aparentemente, el asesinato de John F. Kennedy), Chris padece una enfermedad terminal y sufre un proceso de deterioro cognitivo con pérdidas de memoria. Desea morir (le pide a su compañero Lee, Sam Rockwell, que le mate cuando llegue el momento oportuno) en la isla de Pascua, y espera el desenlace mientras escribe, precisamente, sus memorias, y desarrolla una incontinencia verbal soltando a su alrededor verdades sobre los muchos secretos que conoce. Esto preocupa a su superior (Steve Buscemi), quien, en uno de esos juegos irónicos característicos del autor, encarga asimismo a Lee que asesine a Chris.
“Es interesante que Chris sea tanto alguien que dice la verdad como un gran mentiroso. Pero en las cosas que dice con sinceridad, especialmente en algunas de las escenas hacia el final de la película, no podría ser más honesto sobre el horror de lo que han estado haciendo día tras día”, explica McDonagh, cineasta procedente del mundo del teatro y excelente director de actores: “Con Malkovich fue muy importante trabajar los momentos de silencio, sobre todo cuando está solo, en los que la culpa y el remordimiento resultan evidentes. Incluso cuando en apariencia no está haciendo nada, consigue que el peso de toda la situación esté presente, ya sea fumando un cigarrillo o mirando por la ventana. Como director, se trataba de dejar espacio y de asegurarme que esos momentos tuvieran su lugar”.
Visualmente el film nos remite muy conscientemente a la estética del cine setentero: “Para mí y para el director de fotografía, Ben Davis, el cine estadounidense de los setenta es nuestra época favorita. Esos colores, esa intensidad de la imagen… Queríamos que los colores de los coches destacaran y aprovechar la exuberancia del paisaje de la isla de Pascua. Y una especie de libertad para, también, ser sombríos. Conseguir darle ese aire de los años setenta a todo eso era muy importante para nosotros”.
Ello combinado con un espíritu de western que termina haciéndose explícito en una fordiana escena con Tom Waits de protagonista. “El western es el cine estadounidense. Rodamos en John Ford Point, con la vista más perfecta de Monument Valley. Hicimos esa escena para dejar bien visibles nuestras cartas sobre la mesa: sí, esto realmente es un western. El plano a través de la puerta es obviamente John Ford, uno tiene que reconocer siempre su genialidad cuando hace un western”.
GONZALO GARCÍA CHASCO