La directora Yoon Dan-bi (Corea del Sur, 1990) tiene miedo de que una película asiática no se entienda en salas europeas. Es un miedo infundado, puesto que la adolescencia es algo universal, así como el primer amor (y el primer desamor) o los amores de verano con fecha de caducidad (¿o no?), elementos principales de su segundo largometraje.
The World Before es una película coming-of-age que prácticamente sostiene sola la actriz Sim Su Bin que da vida a Jin, una adolescente de diecisiete años que vive en una remota isla de Corea, Soan-Do. La vida de Jin discurre apaciblemente en la pequeña isla, con sus padres, su hermana y sus amigas de la escuela. Hasta que… Porque la vida de todo adolescente es tranquila “hasta que” o, mejor dicho, “hasta quién”. Un día de verano, Dujae, su mejor amigo de la infancia, regresa de Seúl tras cinco años fuera para el funeral de su abuela, y al retomar la amistad comienzan a aparecer nuevos sentimientos desconocidos para Jin. La joven no solo comienza a mirar a Dujae de otra forma, también a ella misma, a su cuerpo, su cara, su personalidad. Son dos adolescentes reconociéndose, redescubriéndose mutuamente y a sí mismos. En el camino afloran las dudas, las vergüenzas, los complejos y los impulsos propios de la edad.
Yoon y todo el equipo se trasladaron a Soan-Do durante mes y medio para el rodaje en el que el huracán emocional del guion traspasó las páginas y se convirtió en real, por lo que tuvieron que parar mientras durase el fenómeno meteorológico. “Buscaba una isla en la que no hubiera turismo, que se mantuviera salvaje. Miré más de diez islas hasta encontrar esta, pero tuvimos que adaptarnos a la climatología en varias ocasiones”.
La cineasta coreana asegura que, a diferencia de Nam-mae wui Yeoreum-bam(Hermanos en una noche de verano, Perlak, 2019), su ópera prima que se enfoca en la muerte, esta vez quería contar la vida cotidiana “de personas normales”. Para conseguir una cotidianeidad auténtica, la directora se enorgullece de haber cambiado la forma de rodar respecto a su debut, acercando la cámara a los personajes para acercar la historia al espectador: “La cámara se mueve mucho, como si tuviera alma propia. Quería moverla de forma inesperada para crear un ritmo. Por ejemplo, hay una escena en la playa con Jin y Dujae en la que se ve cómo entra la luz, luego el sol se oculta tras las nubes y vuelve a salir. Todo era luz natural durante el rodaje”.
Yoon Dan-bi también ha escrito el guion de esta historia que retrata a la perfección la intensidad de la adolescencia. Como todo cambio de etapa, la mayor revolución es la que sucede dentro de uno mismo, y, para eso, directora y actriz se toman su tiempo a lo largo del film con una interpretación íntima, cruda y reposada con la complicidad de los espejos en los que al público no le cuesta vislumbrar la transición de Jin en sus emociones y en sus sentimientos hacia Dujae. “Sim Su Bin era perfecta para el papel protagonista, tiene una mirada y un gesto facial muy expresivos. Para mí era muy importante que su actuación fuera natural”. Las miradas de Jin no están guionizadas, pero pueden interpretar el guion entero por sí solas. Sus miradas, sus sonrisas, sus silencios… y sus lágrimas. “Nos costó mucho saber cómo debía llorar Jin. A medida que avanza la película, Jin experimenta una transición, por lo que su forma de expresar las emociones también debía cambiar”. Un reto al que no tendrá que enfrentarse el espectador, porque seguro que hacia el final de esta tierna historia… sabrá perfectamente cómo llorar.
IRATXE MARTÍNEZ