"Z365" o "Festival todo el año" es la nueva apuesta estratégica del Festival en la que confluyen la búsqueda, el acompañamiento y el desarrollo de nuevos talentos (Ikusmira Berriak, Nest); la formación y la transmisión de conocimientos de cine (Elías Querejeta Zine Eskola, Zinemaldia + Plus, Diálogos de cineastas); y la investigación, la divulgación y el pensamiento cinematográfico (el proyecto Z70, Pensamiento y debate, Investigación y publicaciones).
Y cuando Isak despertó en la intemperie, arrancó con sus manos una porción de tierra de la propia tierra y la olió… No son palabras de la película, ni de la obra teatral, ni del libro que las inspiran. La palabra creadora, o inspirada, parece estar al margen de esta historia de amor y supervivencia, y al mismo tiempo, quizá no podemos comprender nada sin el influjo de las grandes historias bíblicas.
Markens Grøde está basada en la novela homónima de 1917 del noruego Knut Hamsun (traducida como “La bendición de la tierra”). Esta obra le valió el Nobel de Literatura en 1920 y fue un referente para autores de la talla de Franz Kafka, Herman Hesse o Thomas Mann.
El personaje de Isak (Herbert Nordrum), un solitario sin pasado ni futuro, tirado en la naturaleza norteña más hostil, se carga de determinación para sobrevivir. En las primeras secuencias vemos como se pelea, no consiguiendo deformar unas ramas que serán el esqueleto de su primera cabaña. Son los albores de la humanidad –miedo, hambre y frío–: una historia de creación que solo se pone en marcha cuando la soledad se esfuma. “Estar solo no sirve de nada. Dos manos no son suficiente. Cuatro: ese es el punto de partida”, contó Hans Petter Moland, director. El bosque le trae a Inger (Asta Kamma August), una mujer resiliente con una deformidad facial, con quien podrá terminar la cabaña.
El vínculo entre los dos se verá alterado a medida que avanza la historia en mayúsculas. El capitalismo y la alfabetización son la manzana del árbol prohibido. La posibilidad del mal y de la ambición (“¡poder llegar a ser alguien!”) entra en la ecuación. La tierra, fértil, habrá crecido. La misma tierra que Isak olió antes de que el tiempo empezara a correr. Pero el nuevo mundo se emperra con pasar del crecimiento al abuso.
En Markens Grøde no hay ni Dios ni religión, por más que el Antiguo Testamento resuene. “Noruega ha sido cristiana durante mil años. Pero nuestro verdadero dios es la naturaleza. Es la generosidad y también quien te destruye”, concluyó el autor de esta obra magna de 155 minutos.
MARC BARCELÓ



