El espectacular escenario que ofrece el corazón de Alaska y dos personajes: James, un oficial de las Fuerzas Especiales del ejército estadounidense (Brad Pitt); y Odin, su perro de combate. Son los pocos elementos que necesita el director norteamericano David Ayer para crear esta historia de lucha por la supervivencia de un hombre y una bestia bajo situaciones extremas perdidos en la naturaleza.
Compañeros de mil batallas previas en contextos bélicos, el especial vínculo que poseen entre ellos James y Odin es lo que realmente caracteriza su odisea. “Mi personaje y el perro están muy entrenados para situaciones extremas de supervivencia, y lo han demostrado con anterioridad, pero lo más importante aquí es el vínculo que existe entre los dos, esa conexión, el modo en que luchamos por otros más incluso que por nosotros mismos. Ese cuidado y esa lealtad son lo más importante. Es algo que yo mismo pienso en mis días más oscuros con respecto a mis relaciones más estrechas, mis amigos, mi familia cercana... Ser libre con las personas que te quieren y apoyan lo es todo”, comentaba ayer Brad Pitt.
El director David Ayer corroboraba esta tesis hablando de las intenciones del film: “De eso hablamos en esta película: cuando tienes algo fuera de ti por lo que vivir, una conexión verdadera, eres capaz de hacer cualquier cosa. Estos dos personajes lo han vivido todo juntos, han estado en una guerra, han visto cosas inimaginables, ya se han salvado la vida mutuamente antes, y ahora tienen una nueva misión y la oportunidad de volverlo a hacer. Hay algo verdaderamente hermoso y delicado en el film, y es que explora el corazón, las relaciones y la naturaleza de lo que nos hace seguir adelante”. En la misma línea se manifestaba la productora Olivia Hamilton: “Cuando recibí el guion vi una historia con toda la aventura que merece la pena llevar a una pantalla grande, pero también con corazón”.
Continuaba Pitt: “Lo que ha sido muy interesante es la cantidad de expertos que participaron en el rodaje para asesorarnos: entrenadores de perros que nos dijeron que los perros de combate se integran en la unidad y conviven todo el día con los soldados (nosotros tratamos de hacer lo mismo en el rodaje), médicos, expertos sobre todo tipo de habilidades en el bosque, expertos sobre cómo actuar en situaciones de supervivencia… Éstos nos decían que en toda lucha extrema por la supervivencia hay pérdidas, pero tienes que evaluar pérdidas y ganancias para llegar al siguiente nivel. Eso tiene mucho que ver con la vida en general”.
“El conflicto es parte de la vida, pero debemos aprender a vivir la paz”, añadía Ayer. “La guerra y la violencia pueden ser una adicción y convertirse en tu zona de confort si has crecido con ellas. Eso le pasaba a James. Los soldados no sólo sufrieron en la guerra físicamente, también moral y psicológicamente. Es en la paz que James tiene que acallar sus fantasmas tras el trauma de la guerra. En compañía de su gran amigo. Por eso, este proceso tiene mucho que ver con la lealtad. Ahí arranca la película”.
“Todos somos iguales. Lo que nos conecta es el 98% del tema de la película. ¿Por qué no cuidamos y escuchamos a las personas que nos rodean? Hacer eso sería un buen punto de partida”, concluyó Pitt.
GONZALO GARCÍA CHASCO