En 2020, el Festival de San Sebastián inició un camino hacia un modelo más sostenible desde el punto de vista medioambiental. No como gesto simbólico ni como tendencia pasajera, sino como un proceso real de revisión interna, ya que entendemos que la crisis climática no es algo ajeno a la cultura; también atraviesa nuestra forma de producirla.
Durante estos seis años nos hemos preguntado: ¿Cómo puede un festival internacional (presencial y que forma parte de una red global de cineastas, equipos y público que viajan desde todo el mundo) reducir su impacto sin perder su esencia? No queríamos tomar soluciones drásticas ni decisiones cosméticas, y por ello hubo que abordar cuestiones más complejas y menos visibles: cambiar dinámicas de trabajo, revisar procesos y tomar decisiones sostenidas en el tiempo. Y así, en estos seis años, nos hemos centrado en reducir, cambiar, reutilizar y compensar.

En este proceso no hemos estado solas. Hemos sumado compañeras y compañeros de viaje que no han hecho más que reforzar el proyecto. El primer diagnóstico lo realizamos junto a Naider, que nos ayudó a analizar nuestra situación de partida y a identificar los principales ámbitos de mejora. A partir de ahí contamos con Creast, la empresa con la que medimos nuestra huella de carbono y que nos acompaña en cada fase del análisis y la mejora. También hemos trabajado junto a Renfe, impulsando alternativas de movilidad más sostenibles para quienes se desplazan al Festival. Contamos, además, con el apoyo del sistema Mugi, el sistema tarifario unificado puesto en marcha por la Autoridad Territorial del Transporte de Gipuzkoa. Por último, gracias al Fondo de Carbono Voluntario de Gipuzkoa, impulsado por la Diputación Foral y Naturklima, hemos podido neutralizar nuestras emisiones de CO₂ mediante proyectos de restauración ecológica en el territorio.


Este proceso es también un aprendizaje continuo. Con el tiempo hemos incorporado nuevas perspectivas para abordar esta transición. El Festival entiende perfectamente el lugar que ocupa y el valor simbólico de que un evento de estas características esté inmerso en un proceso de descarbonización. Pero también es importante recordar con qué trabajamos: las historias, las narrativas, las películas.
Un festival no solo genera impacto a través de su operativa; también lo hace mediante las ideas que pone en circulación. Y es ahí donde el compromiso adquiere otra dimensión.
Desde la edición 63, Greenpeace entrega el Premio Lurra, que reconoce aquellas películas que reflejan valores de defensa del medio ambiente y la paz. Más recientemente, hace tres años, comenzamos a colaborar con la European Climate Foundation para centrar la atención en lo que realmente importa: las historias y las miradas que abordan la cuestión climática. Queremos mostrar cómo el cine puede ampliar la conversación, generar nuevas preguntas y conectar emocionalmente con un desafío que a menudo percibimos como abstracto o lejano.
Hoy podemos compartir que en esta edición, la huella de carbono del Festival ha sido de 1.965 toneladas de CO₂ equivalente (1.965.000 kg CO₂eq). La cifra confirma una evolución descendente sostenida: desde 2021, cuando se registraron 4.147.646,59 kg CO₂eq, hemos reducido nuestras emisiones en 2.182.646,59 kg, lo que supone un 52,64 % menos en seis años.
En este contexto nace esta newsletter. Un espacio pensado para reunir y ordenar toda la información relacionada con nuestro compromiso ambiental; un punto de encuentro desde el que compartir cada paso que vamos dando en este camino. Queremos que sea también una herramienta para construir comunidad, para que quienes forman parte del Festival (público, profesionales, colaboradores) puedan seguir de cerca el proceso y sentirse parte de él.

Y, por supuesto, este es también un canal abierto, un lugar donde escuchar. A través de nuestro buzón de sugerencias podremos recoger ideas, propuestas y comentarios que nos ayuden a mejorar. Porque si algo hemos aprendido en estos seis años es que la sostenibilidad no es un destino cerrado, sino un proceso colectivo que se construye paso a paso.

Con el objetivo de expandir el imaginario relacionado con la lente climática, en cada número de la newsletter propondremos tres películas que abordan la emergencia climática desde distintos ángulos. A través de una diversidad de géneros y enfoques, estas películas no solo invitan a reflexionar sobre el presente, sino que también muestran diferentes formas de narrar y entender este desafío común.
