Cuando David regresa a su casa de Buenos Aires se entera de que su madre ha decidido desconectar a Bernardo, su padre, que yace en coma. David se debate entre la estrecha convivencia con su madre, perturbada por el dolor de la inminente pérdida de su marido, y un feroz deseo de mitigar su angustia existencial. Pasa los días aprendiendo a conducir, oscilando entre el pasado y el presente e intentando mantener relaciones sexuales con cualquiera que le preste un mínimo de atención.